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Historia de la Sauna


¿Qué es una sauna? - La historia de la sauna

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¿Qué es una sauna? - La historia de la sauna
Una sauna es un dispositivo perteneciente al grupo de los llamados baños de calor de inmersión total (todo el cuerpo se somete a la acción del calor) y donde se expone al organismo a una temperatura superior a la normal para provocar la puesta en marcha de sus mecanismos termorreguladores que principalmente son: la vaso dilatación del sistema cardiovascular periférico y la transpiración. Consiste esencialmente en un “baño de aire caliente” (¡no vapor!).
El aire debe ser muy seco. La madera desempeña un papel básico en el mantenimiento de una atmósfera adecuada dentro de la sauna, ya que posee la capacidad de absorber humedad cuando es excesiva y cederla paulatinamente cuando el aire se hace demasiado seco.
La sauna se caracteriza por un calor seco que oscila entre 80ºC y 100ºC y una humedad relativa muy baja, que no llega al 15%. Los baños de sauna se toman en cuartos herméticos de madera, con gradas para poder descansar -cuanto más arriba, más calor-, en los que la temperatura se obtiene calentando dentro de un receptáculo piedras no areniscas que, alimentadas por unas resistencias eléctricas, llegan a la incandescencia

La historia
La sauna (Una institución nacional finlandesa - Escrito para Virtual Finland por Erkki Helamaa - Arquitecto, u Profesor emérito y Juha Pentikäinen, Catedrático de la Universidad de Helsinki)
En Finlandia hay 5,1 millones de habitantes y 1,7 millones de saunas, es decir una cada tres personas. La sauna está considerada un fenómeno típicamente finlandés, aunque no es un invento ni una propiedad privada de los finlandeses. A fines del siglo XIX en el Viejo Continente la costumbre existía en toda una región que se extendía desde el Báltico hasta el corazón de los montes Urales. La sauna también está generalizada entre otros pueblos ugrofineses de la región del Báltico (estonios, carelianos, vepsos y livones) así como entre varios pueblos eslavos, bálticos (letones y lituanos), tártaros de Turquía y ugrofineses orientales.
La sauna tradicional es una casilla de madera, donde los bañistas sentados en gradas arrojan agua sobre piedras calientes situadas sobre una estufa. Sauna es la palabra finlandesa internacionalmente más difundida, aunque según los finlandeses no siempre ha conservado su significado original al ser adoptada por otras lenguas. La expresión “tomar una sauna” no significa sólo entrar en el recinto caldeado sino todo un rito compuesto por varios lapsos de transpiración al calor de la estufa y del vapor del agua que se arroja sobre las piedras. Este vapor (löyly) es justamente el espíritu de la sauna. Löyly es una palabra ugrofinesa que está en nuestro vocabulario desde hace 7.000 años.
Este tipo de baño no es exclusivo de los finlandeses. En muchas otras culturas existen construcciones y costumbres similares (los baños romanos, turcos, celtas, el sweat lodge de los indios norteamericanos, el furo de los japoneses, el bania de los rusos y el temascal mexicano), pero los finlandeses pueden ser considerados el pueblo “saunero” por antonomasia porque han mantenido viva la tradición y la han adaptado a su modo de vida contemporáneo. Han conservado, desarrollado y transmitido la sauna, y la han difundido internacionalmente bajo la etiqueta de “Made in Finland”


La palabra sauna ya estaba en el léxico de los antiguos suomi (fineses) y sami (lapones).
El núcleo de la sauna consistía en una estufa que calentaba una pila de piedras, alrededor de la cual se tomaba un baño de vapor bajo una cubierta ocasional como las de los sudaderos de los indios norteamericanos. Es posible que ya hubiera baños de transpiración como la sauna en la edad de piedra, hace unos 6.000 años: los fogones de las viviendas eran unos hoyos circulares no muy profundos en cuya base había dos o tres capas de piedras pequeñas.
Hay evidencias de que entre los siglos V y VIII ya se conocían en Finlandia las saunas de madera.
Eran cabañas de troncos, de un solo cuarto, que se calentaban por dentro mediante fuego y humo (sauna de humo). Al principio la sauna se tomaba en el único cuarto de la vivienda.
La tecnología finlandesa de construcción con troncos ha sido llevada por los emigrantes a todas partes en el curso de los milenios. En el Nuevo Mundo puede verse en la estructura de Pioneer House, en Nueva Inglaterra. La gente acude a la sauna cuando siente necesidad de devolver a su estado normal un cuerpo cansado o unos músculos doloridos por el duro trabajo.
La elección, colocación y añadido de los leños era todo un arte, pero lo fundamental era mantener el espíritu sereno; los expertos en caldear la sauna y confeccionar los haces de ramas de abedul sabían trabajar sin prisas, y trasmitían sus técnicas de generación en generación.
A fines del siglo XVIII en las saunas del oeste de Finlandia comenzaron a aparecer estufas cerradas de ladrillo, más seguras que las abiertas que constituían un permanente peligro de incendios. Las nuevas estufas tenían dos o tres cámaras: abajo el fogón, en el medio las piedras, y en la de arriba se producía el humo que llenaba el cuarto.
La estufa con chimenea constituyó a fines del siglo XVIII un gran desarrollo en la historia de la sauna. Al horno de humo, cerrado, se le añadió un simple cañón, una estrecha continuación de la cámara superior, o sea una verdadera chimenea con su registro de tiro que conducía hasta el exterior del tejado. En el siglo XIX se generalizó una chimenea amurada, con base propia, al lado de una estufa separada, de ladrillo. La estufa con salida de humo posibilitó la construcción de saunas en sitios donde la sauna de humo era impensable, por ejemplo en las ciudades, que tenían principalmente casas de madera con jardines propicios para instalar la casilla.
Hacia 1910 comenzó la producción en serie de estufas con carcasas metálicas. Los fabricantes se entusiasmaron con el negocio y fueron perfeccionando los modelos, hasta que en los años treinta aparece un tipo totalmente nuevo, la estufa de calefacción continua, en la que los leños arden en su propia cámara separada y ni las llamas ni el humo entran en contacto con las piedras, como sucedía en la estufa “de hornadas”. La novedad permite mantener el fuego encendido durante el baño y producir vapor mientras haya leña. Los nuevos modelos de estufa promovieron en los años treinta un renacimiento de la tradición finlandesa de la sauna, que había decaído en las primeras décadas del siglo con los problemas del proceso de urbanización de la sociedad agraria que la cultivaba. La urbanización de la sociedad comenzó a fortalecerse desde la década de 1880, con la paulatina construcción de los sistemas de aguas corrientes y de cloacas, la electrificación y la edificación de casas de mampostería y edificios de pisos. El cuarto de baño y la gran novedad que trajo el siglo, la bañera, ofrecieron al finlandés destellos de un lujo europeo que hacía parecer a la sauna una costumbre anticuada y rural.
Por lo menos los habitantes de los edificios de apartamentos hubieran quedado décadas sin sauna si no hubiera habido baños públicos, pagos. La de Kotiharju era en el año 2000 la única sauna pública de Helsinki que todavía se calentaba a leña. La sauna relaja, calma y devuelve la paz espiritual. Muchas veces en medio de tensas negociaciones las partes han compartido una sauna, para distenderse y arribar luego a acuerdos unánimes y provechosos. Las saunas públicas tenían secciones separadas para hombres y mujeres e incluso sectores reservados, donde las familias podían contratar sus propios turnos. Los grandes establecimientos de baños ofrecían a sus clientes servicios de lavadoras, masajistas y a veces de aplicación de ventosas. Como los parroquianos concurrían regularmente a la misma sauna, allí se formaban grupos en un ambiente amistoso, sin más jerarquías ni títulos que los ganados de vez en cuando por la resistencia a las elevadas temperaturas.
Las saunas públicas constituyeron una etapa histórica, especial en muchos aspectos, que duró hasta los cincuenta. Al finalizar la segunda guerra mundial funcionaban en Helsinki casi ciento cincuenta saunas públicas, pero al comenzar el siglo XXI quedaban sólo dos.


La estufa eléctrica significó una tercera fase del desarrollo, después de la de humo y la de chimenea. El prototipo ya estaba listo a fines de los treinta, pero debido a las guerras su producción industrial en gran escala no empezaría hasta fines de los cuarenta.
La estufa eléctrica es segura y fácil de usar, pues se basa en una resistencia que se enciende con un simple interruptor y calienta las piedras a la temperatura deseada. Como no necesita conducto para humo, se puede instalar en sitios en los que sería imposible poner un horno de leña. La sauna ya no requiere una construcción aislada, y puede emplazarse en cualquier vivienda como una habitación más. La estufa eléctrica solucionó definitivamente el problema de las saunas urbanas. Desde los años cincuenta en la planta baja de los edificios de pisos comenzó a construirse puntualmente la sauna del condominio para la que cada familia tiene un turno semanal. En la actualidad en vez de una sauna común, en cada apartamento se suele construir junto al cuarto de baño una sauna propia, una especialidad de la vivienda urbana finlandesa.
También se han comenzado a instalar pequeñas saunas del mismo tipo en los cuartos de hotel, un aporte bien finlandés a la hostelería mundial. Antiguamente la sauna era un lugar sagrado para los finlandeses. Estaba en el patio de la casa, hasta que a principios del siglo XX comenzaron a construirse a orillas de los lagos, siguiendo el ejemplo de las mansiones elegantes.
Se solía tomar la sauna una vez a la semana, pues el caldeamiento del recinto para varios turnos, especialmente en las saunas de humo, podía llevar todo un día. La elección, colocación y añadido de los leños era todo un arte, pero lo fundamental era mantener el espíritu sereno; los expertos en caldear la sauna y confeccionar los haces de ramas de abedul sabían trabajar sin prisas, y trasmitían sus técnicas de generación en generación
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Los placeres de la sauna
¿Por qué los finlandeses toman su sauna? Porque es una antigua tradición y están acostumbrados desde niños. La sauna limpia y brinda salud, paz espiritual, vivencias y limpieza.
Antiguamente la sauna ofrecía la posibilidad de una limpieza profunda por lo menos una vez a la semana. Actualmente los modernos sanitarios de las viviendas reemplazan a la sauna en esta su función elemental, pero ésta se sigue considerando un elemento imprescindible de las casas.
Una buena transpiración en la sauna, seguida de un enjuague, limpia la piel mucho mejor de lo que se supone. ...salud. La gente acude a la sauna cuando siente necesidad de devolver a su estado normal un cuerpo cansado o unos músculos doloridos por el duro trabajo.
- Paz espiritual: F. E. Sillanpää, nuestro premio Nobel de literatura, contaba que después de un largo período de producción había vuelto, fatigado y abatido, a descansar con sus padres en su casa natal.
La misma noche de su llegada, en la cálida y silenciosa penumbra de la sauna, sintió que iban esfumándose poco a poco su angustia y su depresión. Después del baño, recuperado el sosiego y lleno de energía creadora, se sintió listo para regresar inmediatamente a sus cuartillas.
- La sauna relaja, calma y devuelve la paz espiritual: Muchas veces en medio de tensas negociaciones las partes han compartido una sauna, para distenderse y arribar luego a acuerdos unánimes y provechosos.
- Vivencias: A esa gente atareada, obligada a exprimir cada minuto, la paz de la sauna logra detenerlos en el tiempo. Si algo mide el reloj interno, es sólo la duración ideal de la sesión de sauna.
La sauna brinda plácidas vivencias que se experimentan con todos los sentidos.

El profundo significado de la sauna
La sauna es parte de la identidad finlandesa, una institución nacional que ha llegado viva al siglo XXI.
Nos permite analizar nuestras propias tradiciones, y su comparación con los baños y las abluciones de otros pueblos nos brinda una perspectiva para apreciar los hábitos y la idiosincrasia de otras culturas. Observando al prójimo aprendemos a conocernos más profundamente a nosotros mismos. El inapi en la choza de sudar de los aborígenes norteamericanos, el furo de los japoneses y la sauna de los finlandeses tienen, pese a sus diferencias, mucho en común, especialmente a nivel espiritual.
Transpirar en el vapor de la sauna o del sweat lodge, o en el baño caliente del furo, es mucho más que una limpieza del cuerpo; es un rito que relaja el cuerpo y el espíritu.
La clave es la re-creación que se produce en un espíritu estimulado por el vapor o el baño...
 



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